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sábado, 10 de marzo de 2012
Batalla de Cartagena de Indias (III)
Las defensas de Cartagena no pasaban, en cambio, de 3.000 hombres entre tropa regular, milicianos, 600 indios flecheros traídos del interior más la marinería y tropa de infantería de marina de los seis únicos navíos de guerra de los que dispone la ciudad: el Galicia que era la nave Capitana, el San Felipe, el San Carlos, el África, el Dragón y el Conquistador.
Este pequeño contingente está dirigido por hombres decididos a defenderse hasta la muerte: el Virrey Sebastián de Eslava, Almirante de los Reales Ejércitos con larga experiencia militar, y bajo su mando, pero en el mar, el célebre Almirante de la Armada D. Blas de Lezo, lobo de mar que ya ha participado en 22 batallas y expediciones navales perdiendo la pierna y el ojo izquierdo en Málaga y Toulon y quedándole lisiada la mano derecha en Barcelona. Seguían en la jerarquía el Mariscal de Campo D. Melchor de Navarrete, Gobernador de la ciudad, a cuyo cargo quedó la parte administrativa y el abastecimiento de víveres, y el Coronel D. Carlos Des Naux, Ingeniero militar y Director de obras de fortificación, quien actuó primero como Castellano del Castillo de San Luis de Bocachica y luego como Castellano de San Felipe de Barajas. Aunque con algunas discrepancias de criterio en materia estratégica entre Blas de Lezo y el Virrey los cuatro hombres lograron por fin unificar su acción baja la dirección de Eslava y resistir a pie firme el embate de los ingleses.
La batalla nocturna decisiva que ocurrió la noche del 19 al 20 de abril de 1741 cuando los británicos trataron infructuosamente de tomarse el Castillo de San Felipe de Barajas (o de San Lázaro) y sufrieron pérdidas muy graves.
miércoles, 7 de marzo de 2012
Batalla de Cartagena de Indias (II)
En Octubre de 1739 Inglaterra declara a España la “guerra de la oreja de Jenkins”. Planean tomar la ciudad donde confluyen las riquezas de las colonias españolas, Cartagena de Indias. Su objetivo era dominar el comercio en el Caribe y, en una operación combinada con las fuerzas del Comodoro Anson que con el navío Centurión y seis buques más acosaba las colonias del Pacifico Sur, aniquilar el imperio español en América. Pero Anson, fue perseguido por la escuadra de José Pizarro, cuando intentaba pasar al Pacífico. Uno de ellos, el Wager se estrelló en las costas de Chile. Dos dieron media vuelta y regresaron a Inglaterra. Tres de ellos consiguieron pasar al Pacífico: El Centurión, con la insignia del propio Anson, el Gloucester y el Triall. Solamente el Centurión consiguió regresar a Inglaterra.
Aunque el origen de la guerra fue la rivalidad comercial entre las dos potencias, la causa inmediata de la confrontación fue un incidente cerca de la costa de Florida, cuando el capitán de un guardacostas español, Juan León Fandiño, interceptó el Rebbeca al mando de Robert Jenkins y le hizo cortar a éste una oreja; después de lo cual le liberó con este insolente y atrevido mensaje: "Ve y dile a tu Rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve". Este suceso enardeció a la opinión pública inglesa y dio lugar a que su Gobierno, presidido por su Primer Ministro Mr. Walpole, declarara la guerra a España presionado por comerciantes de la City que apetecían la conquista de nuevos mercados.
lunes, 5 de marzo de 2012
Batalla de Cartagena de Indias (I)
Una de las primeras historias que conté en este blog fue la del gran Sitio de Malta, como ejemplo de un acto de heroísmo escasamente agradecido por todo un continente, el europeo, que podría haber visto como cambiaba sustancialmente su historia de no ser por aquellos valerosos caballeros.
Y en la historia española hay casos aún más sangrantes, ya que, mientras en la mayoría (por no decir la totalidad) de los países se ensalzan y magnifican sus victorias y se obvian sus derrotas, en España ocurre todo lo contrario.
Todo el mundo ha estudiado la derrota de la denominada Armada Invencible, pero pocos han oído hablar de la derrota infringida a la misma armada inglesa al año siguiente, o de la épica victoria conseguida en la batalla de Cartagena de Indias, una vez más ante los ingleses, o de otras muchas victorias que evidencian nuestro poderío naval, que algunos se niegan a reconocer.
Pues a esta batalla de Cartagena de Indias y al Almirante Blas de Lezo y Olavarrieta voy a dedicar esta entrada de mi blog (y las siguientes).
miércoles, 29 de febrero de 2012
Caballeros templarios (y III)
¿Final?
La noche del 14 de octubre de 1307 Felipe el Hermoso hizo arrestar a los templarios de su reino. Acusados de herejía, sodomía, confesión comunitaria, escupir el crucifijo y otros argumentos de indudable efecto popular, elegidos hábilmente por Nogaret, el responsable legal. Los nobles caballeros debieron sufrir lo indecible en cárceles pestilentes, frías, oscuras, hostiles hasta su destino final: la hoguera.
La "justicia" de la Inquisición estuvo a cargo de los dominicos, sus enemigos ya conocidos por otra parte, gracias a la visión que de ellos da Humberto Eco en "El Nombre de la Rosa". Las confesiones fueron compradas o arrancadas bajo tortura.
Como se sabe, del árbol caído todos hacen leña, y en este momento desde diversos ángulos se “disparaba” sobre los templarios. Cada uno trataba de obtener su parte del botín. Por un lado Felipe quería los bienes de la Orden, mientras la Inquisición quería la Orden misma. No obstante el más interesado había sido el propio Felipe que encabezó los allanamientos a la casa del Temple en París, depósito principal de los tesoros, sin encontrar más que papeles y objetos sin valor, aunque pudo rescatar sus propios pagarés. Siempre se murmuró que noches antes partieron tres enormes carretas de heno, tal vez salvando el verdadero tesoro.
domingo, 26 de febrero de 2012
Caballeros templarios (II)
Evolución
A partir del Concilio, sus principales miembros recorren el mundo recaudando fondos y reclutando efectivos para asumir, ahora sí, la Guerra Santa, y la respuesta es generosa. Los caballeros son alineados por parejas, en diadas, como queda reflejado en el escudo de la Orden. Ambos caballeros comían de la misma escudilla.
Necesariamente en la campaña de Oriente, la disciplina hubo de ser feroz, la retirada imposible, la mínima falta duramente castigada, la vida comunitaria emparejada, tanto en armamento como en Padrenuestros. Muerte, sangre y victoria fueron hitos anónimos en los campos de Galilea mientras el "otro" Temple, el que había quedado en Occidente (excepto España, donde también guerreaba), se transformaba en un factor de crecimiento, pacificación y civilización.
En un plano de respeto al conocimiento y creencias monoteistas, los templarios entablaron en Oriente relaciones, entre batalla y batalla, con musulmanes y rabinos a los que invitaron a su base en Francia para discutir y aprender de ellos. Parecen recordar: "En la casa de mi Padre hay muchas moradas" (Jn:14,2). Las relaciones entre templarios y musulmanes fueron corteses, tal vez de una comprensión casi perfecta, lo cual no evitó que se degollaran con saña si en el campo de batalla; en cierto modo era una señal de respeto, ya que no tomaban prisioneros. Sin embargo, pese a su bravura en combate, fueron proclives e intentaron treguas para ahorrar sangre. Estos hechos merecieron críticas de casi todos (incluso de San Luis), algunas fruto del fundamentalismo religioso de la época, otras producto de la envidia a la grandeza de cuerpo y espíritu, ya que la riqueza del Temple no solo fue material sino también espiritualmente trascendente.
Paralelamente a su enriquecimiento, forjaron y ampararon una legión de artesanos. Desarrollaron el arte gótico (sistema sin precedente que alivió el peso de los muros) y características arquitectónicas muy peculiares en todos sus edificios. Construyeron (en su totalidad o en parte) más de 70 de catedrales en menos de un siglo, que liberadas del románico, se alzan hacia el cielo, en abierto desafío a la ley de gravedad. Protegieron "fraternidades" constructoras (los "Hijos del Maestre Jaques " o los "Hijos de Salomón") las cuales, desprotegidas al caer el Temple, se transformarían en simiente de la francmasonería. Libraron los caminos de ladrones y feudales salteadores con lo que abrieron las rutas al comercio. Difundieron la letra de cambio (ya practicada por venecianos y lombardos) y con sus extensos cultivos alimentaron como nunca a hombres y bestias de Europa. Durante los casi dos siglos de su existencia no hubo hambruna en Europa. Las armaduras de los siglos XIV y XV (desaparecido el Temple) muestran una disminución de la talla respecto a la de los siglos XII y XIII.
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